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31/10/2019 News

Desarrollo de las ciudades gracias a la electricidad

Electricidad y luz en las calles de Madrid
Electricidad y luz en las calles de Madrid

HISTORIA DE LA ELECTRICIDAD EN LAS CIUDADES

Nuestra vida actual hubiera sido muy distinta sin el invento de la bombilla eléctrica incandescente por Thomas Alva Edison en 1879. La lámpara incandescente impulsó definitivamente la electrificación de la sociedad de la época, ya que fue preciso disponer de la capacidad de producir y distribuir la energía eléctrica para su uso en la iluminación de las ciudades. Sin embargo, ya existían las farolas eléctricas desde 1875, cuando el ruso Pavel Yablochkov desarrolló la lámpara de arco eléctrico, que aunque continuó aplicándose en instalaciones industriales, se vio superada por la bombilla incandescente en aplicaciones de iluminación por su mayor fiabilidad y menor mantenimiento.

Dada la imposibilidad en aquellos primeros años de transportar la electricidad a grandes distancias, las primeras centrales eléctricas se ubicaron en lugares próximos a los lugares de su utilización, generalmente en ubicaciones muy céntricas en las ciudades. Sin embargo, con el aumento de la demanda de electricidad, fue necesario recurrir a fuentes de energía de más potencia, y comenzaron a construirse centrales más próximas a la ubicación de los recursos naturales disponibles para producir la electricidad y cada vez más alejadas de los centros de consumo. De esta forma, se desarrolló el transporte de electricidad mediante líneas eléctricas de alta tensión, con objeto de transmitir la energía desde las centrales hasta los pueblos y ciudades.

En 1871 se presentó la primera dinamo industrial movida por una máquina de vapor, lo que supuso disponer de electricidad abundante en corriente continua, sustituyendo a las pilas utilizadas hasta entonces como fuente de electricidad, inventadas por Volta en 1800. El 4 de septiembre de 1882 Thomas Alva Edison puso en marcha la central eléctrica y la red de distribución de electricidad en corriente continua construidas en Pearl Street, Nueva York.

Desde ese momento arranca una carrera imparable por la mejora de la tecnología eléctrica, que tiene un nuevo hito con la invención del transformador. George Westinghouse compró la patente en 1885, y al año siguiente realizó la primera instalación de alumbrado público en corriente alterna en Great Barnington, Massachusetts. En 1888 Nikola Tesla inventó y patentó el motor eléctrico de inducción, y Westinghouse compró también la patente.

En los años 1888 y 1889 se vivió una apasionante guerra tecnológica y comercial entre los defensores de los sistemas eléctricos en corriente continua, encabezados por Edison, y los partidarios de la corriente alterna, con Westinghouse al frente.

Los sistemas en corriente continua contaban con la desventaja del problema de las pérdidas de energía por efecto Joule. Con objeto de minimizar las pérdidas, las unidades generadoras se situaban en el centro de los lugares de consumo y, por esta razón, se acuñó el término de “central”.

Los generadores de corriente alterna también resultan más sencillos y fiables que los de corriente continua, pero la gran revolución fue, sin duda, la utilización de los transformadores en corriente alterna, elevando la tensión pero reduciendo la intensidad a transportar a largas distancias, y disminuyendo por tanto las pérdidas. Esto permitía el transporte de electricidad con pérdidas reducidas a distancias muy superiores, permitiendo el aprovechamiento de recursos alejados para la producción de electricidad, por ejemplo mediante generación hidroeléctrica. La presentación en 1891 del primer sistema trifásico entre Frankfurt y Lauffen, y la construcción de la central de las Cataratas del Niágara en 1895, dieron definitivamente la victoria a la corriente alterna como forma óptima de generar, transportar y distribuir la electricidad.

HISTORIA DE LA Electricidad en España

En España, Comillas (Cantabria) fue la primera localidad española en disponer de luz eléctrica en sus calles en 1881. Gerona fue la primera ciudad en contar con una red de alumbrado público en 1886. A las aplicaciones de la electricidad para alumbrado público le siguieron otras en el ámbito industrial, comercial y doméstico. Entre otros, el uso de la electricidad para ferrocarriles, tranvías y metros supuso una gran evolución tecnológica del sector del transporte. El tranvía de Bilbao se electrificó en 1896. Posteriormente, gracias a la electricidad,  se pusieron en marcha el metro de Madrid en 1919 y el de Barcelona en 1924.

En el ámbito industrial, además del uso de motores eléctricos en casi todo tipo de procesos industriales, también existen otros equipos de uso muy extendido como los hornos eléctricos y la soldadura eléctrica. En el ámbito comercial y doméstico, la electricidad resulta indispensable para la iluminación, la producción de frío y calor, los equipos informáticos y de comunicaciones, los electrodomésticos y un sinfín más de aplicaciones cotidianas.

Hoy no podemos imaginar nuestra vida en las ciudades sin la electricidad. Y sin embargo, en los próximos años, aún se va a convertir en un elemento mucho más presente en nuestras calles. Vamos a asistir a transformaciones radicales del panorama de las ciudades conforme los vehículos de combustión vayan siendo sustituidos por vehículos eléctricos, más eficientes y menos contaminantes, y conforme el internet de las cosas convierta nuestros electrodomésticos, farolas, dispositivos eléctricos y otros gadgets en elementos inteligentes interconectados. La electricidad tiene mucho futuro.